08.08.07
De celulares y otros demonios...
Dicen que cada día nos hacemos más tecnodependientes, que las drogas del nuevo siglo son realmente la rutina que nos obliga a mantenernos conectados a diferentes aparatos… quizás, y filosóficamente hablando, esto realmente nos genera identidad, y resuelve aquella duda existencial de estar solos o ser parte de algo.
¿Cuánto tiempo podemos permanecer sin estar conectados a algo? ¿Cuánto tiempo sin encender el celular?, si alguna vez lo apagamos. Chat, Messenger, correo, i-Pod, música elementos que parecieran afianzar nuestra identidad a diario. Crear una cuenta, inventar un nombre, abrir un nuevo correo…
¿Es realmente un vicio? ¿Es compulsión? O será parte de nuestra rutina, del diario vivir. Será el equivalente a la época de los tatarabuelos, cuando se reunían alrededor del piano y sostenían tertulias sobre múltiples temas. ¿Es esta nuestra nueva forma de ser?
Indudablemente, nuestra actual conexión con el mundo nos facilita el relacionarnos, pero a la vez, crea nuevas barreras, barreras del tipo que desconocemos, que apenas empezamos a descubrir. Parecemos de fácil acceso, en cualquier momento, en cualquier lugar, no importa a donde huyamos, alguien nos encuentra, pero ¿qué es lo que está disponible de nosotros mismos? Acortamos distancias, estamos ahí pero ¿qué tan cercanos somos?